En 2024, cada chileno consumió en promedio 8,6 kilos de palta, según cifras del Comité de Paltas de Chile difundidas por el medio internacional Fresh Plaza. El dato sitúa a Chile como el segundo mayor consumidor de palta per cápita del planeta, superado únicamente por México, que lidera el ranking con 10,3 kilos por persona al año. Detrás aparecen República Dominicana (6 kg), Estados Unidos (4,5 kg) y Perú (4,2 kg). La cifra impresiona, aunque no sorprende. La palta en Chile no es un gusto, es un hábito.
Y como todo hábito, su historia es más larga de lo que parece. ‘En los noventa, prácticamente solo teníamos palta chilena, una palta con muchas hilachas’, recuerda Tomás Cumsille, chef ejecutivo de Le Cordon Bleu Chile. ‘De sabor muy rico -incomparable-, pero esas hilachas generaban mucho desagrado en varias personas’, afirma. El punto de inflexión llegó con un cambio de variedad. ‘En los noventa comenzaron a masificarse las plantaciones de palta Hass, que es la variedad de mayor consumo a nivel mundial.
A partir de ahí aumentaron fuertemente las exportaciones, y la competitividad del mercado empezó a mejorar. Así, pasamos a tener una palta de muy buena calidad’, dice Cumsille. A eso se sumó una innovación logística clave: la posibilidad de conservar palta todo el año.
El resultado fue que restaurantes y hoteles pudieron integrarla como un producto estable en carta. ‘Hoy la encontramos incluso en los brunch: huevos pochados, tostadas de masa madre con palta y huevito encima. Ya hay pizzerías que le ponen láminas de palta a las pizzas, también está en el sushi y en millones de preparaciones más’, describe Cumsille.
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